miércoles, 2 de noviembre de 2011

¿Y quién es Él?

Un día volvió, para endulzar nuestros oídos.  Ahora los tengo pegoteados. Hay un son popular que dice : " no estaba muerto, estaba de parranda". Hacia rato que no lo veia en mi rutina, y la sensación no era buena. Como esas cosas que se extrañan cuando uno no las tiene, por ejemplo la menopausia a los 45, o Pumper Nik a fines de los '90. Asi era la sensación de viajar en el tren, el fuelle de "Solo el amor salvara al mundo" entonaba un tango mas triste por ese entonces. Pero un día volvió, un alta forzada en el Pirovano? medicos que no apostaban a la musico-terapia y lo exiliaron para no justificar mas muertes con virus inter-hospitalarios.
Su estrategia de cantar el mismo tema es implacable, calculo que los fondos van para juntar plata por la compra de los derechos de autor de un tema nuevo, y cuanto uno mas escucha a Jose Luis Perales mas dona a este individuo. Aunque hay que ser realistas, por mas que nos esforzemos la imposibilidad de comprar dolares tambien afecta al "chelo" marchelo en el ambito internacional. Nunca su voz interpretará un Bob Dylan o un Mick Jagger.
Todo empieza con la frase que alude a que no aprendio a cantar con nadie, pero es lo mejor que hace. Subrayado con un jopo marca registrada. Un auricular en la oreja y una mano que si lo ves a simple vista parece que se esta escarbando la cera de la oreja y en realidad es un "touch" del glamour de Enrique Iglesias, cuando hace presión sobre el auricular. Auricular que esta conectado a un pasa casette donde se ve que esta ese casette trabado con los temas de Jose Luis Perales. Espero que algun día pueda cambiar el casette y nos regale a todos un Luis Aguilé.

martes, 1 de noviembre de 2011

La secta que siesta

Aquel día arribe a mendoza a las 14 :30, un rodamundos dormido paso apurado y cansado de andar solo. Ya que no habia viento que lo impulsara, era medio maleducado no me saludo.
Y como buen rodamundos me hizo un desplante. Este arbusto enemistado con la pacha, era la única señal de vida en la zona.
Para ver algo de actividad habia que meterse en el pleno centro, donde se ubicaban: los bancos, las companias telefonicas, las agencias de turismo si estaban abiertas en ese horario. Este tipo de comercio u organizaciones confirmaba mi teoria de: "el crimen no duerme".
Tambien, luego de recorrer, beber, disfrutar, como se puede culpar al mendocino de hacer esta practica que desaloja unas horas la ciudad? Si con tantos vinos tan baratos, despues de un almuerzo abundante y acompañado de esta bebida, la siesta pasa a ser una necesidad, no un lujo. Incluso el sol, en busca de afecto decide esperar a la población unas horas más en esta ciudad para irse a las 21 o 22 hs según la época del año.
Mi primer hipotesis, ya descartada, era que esto de partir el dia al medio lo hacian por una cuestion economica, ya que tengamos en cuenta que los almuerzos en los restaurantes suelen ser mas economicos que la cenas, y durmiendo asi era como tener dos desayunos y dos almuerzos en un dia. Pero si fuera padre me resultaria incomodo contar 2 cuentos por dia para que se duerman los chicos.
La palabra siesta, viene de sexta ( no de secta, aunque se todo cerraria ) y se da por la hora en que te acostarias en el caso, y se practica para recuperar energía. Para eso uno debe levantarse temprano. Por ejemplo, si uno despierta a las 7:00 le corresponde siesta seis horas despues a las 13:00 hs. Ahora si te levantas a las 10 u 11 de la mañana el regimen debe funcionar como los desayunos de los hoteles, donde uno pierde el beneficio, ya que sino tendrias que descansar a las 16 /17 hs.
Esta cultura justifica la cantidad inmesa de arboles que se ve que agregaron a la region, que son tantos que si uno tiene ganas de orinar se ve muy tentado al hecho es su paso.

viernes, 28 de octubre de 2011

MEAR ADENTRO DEL TARRO?

A algunos los inspira para el canto, a otros les produce relajación muscular, esta es la ducha.
En mi caso el sonido a fuente de agua provocaba efectos diureticos que complacia satisfactoriamente en cualquier bañera que frecuentaba.
Tal vez el no querer ser menos que la ducha, o la gratitud por devolverle algo liquido a quien te esta aseando satisfactoriamente.
Como todo lo bello en la vida, aquel dia llego, el hecho de compartir una habitacion, compartir un baño, trajo que mientras mi pie derecho azomaba entre cortinas hacia la bañera, se escucho una voz que me dice: Vos no haras pis en la bañera?
Esa pregunta simple que tenia implicito subliminalmente un amenaza:" la proxima que orines te pongo una sonda vecical" . A la que respondi "no, por su puesto, para que esta el inodoro, si le sacamos funciones puede que le manden el telegrama".
Por dentro pensaba, pero si es lo mas sano que hay, o "Quien te crees que le da esa blancura y brillo a la bañera? el odex?" y habia fundamento, porque en aquel entonces tomaba agua con dos gotas de lavandina. O  las sales minerales de tu baño de inmersion, quien te crees que las provee? toda la semana tomando Gatorade para vos !!
Incluso un dermatologo sugeria que se orine los pies para matar los hongos de los mismos, cosa que siempre me pregunte , porque asrrael nunca orino en la aldea para acabar con los pitufos? si con los pies funcionaba. Y buen eso fue culpa de gargamel, que ciego de obsesion, que tal vez buscaba viagra en lo azul de los pitufitos.

lunes, 17 de octubre de 2011

TROMPITA Y SU ENSALADA

Salia de mi hospedaje y según la recomendación del conserje del mismo emprendí el viaje que este había esbozado en el mapa que me obsequio.
Lo primero que divise al ver el camino que este era de ruta, el único detalle que nosotros lo hacíamos a pie.
En los primero 500 metros , un hombre con una combi, un tetrabreak empendrio su negocio personal de vendedor de frutas secas, especializado en manies.
Este nos quiso vender las nueces pecan, como unas nueces exótica que acuso traer del tigre, a la vuelta de mi casa, lo que decia que allá no las vendían porque las exportaban.. No claro, vine a concordia a comprar nueces pecan.
¿Sera que como dice el nombre las nueces son extraditadas por los obispos por llevar el nombre de pecadoras?
Lo mas increíble de esta caminata sin sentido fue que en el camino vimos un elefante. Digo "sin sentido" porque eran 10 km de ruta a los cuales decidí abortar a los 6 km del recorrido luego de percibir desyavues constantes de arboles uno tras otros y ciclistas que entrenaban,
acompañados de los sonidos de pajaros exóticos.
Si leyo bien, un elefante en la ruta, ni un puto caballo o vaca como se suele ver en nuestras rutas. El elefante iba en buen camino, kilómetros antes estaba el vendedor de manies, y el lo presentía, lo percibía como el detective al delincuente.
Este mamifero se la paso comiendo pasto, y se le notaba en su expresion el fastidio de volver a comer ensalada otra vez.
Ahora, esto me abrio la cabeza a un punto, uno puede tener un negocio insignificante como el de vendedor de manies, pero si esta en el lugar donde esta el elefante indicado con el dueño dispuesto comprar su almuerzo, este pasa a ser el mejor negocio del mundo.
A todo esto, cuando volví no le dije nada al vendedor de manies.¿Envidia? Si, supongo, mañana vengo con mi camión de manies "Bumm"!!
Al fin y al cabo un elefante gris , es mucha materia gris en mi cabeza toda junta, y debo relajarme un poco más.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Teoria del podador de pasto


En puerto madero todo es muy top. y el pasto debe estar al raz para esos momentos llenos de felicidad que nos brinda este rinconcito de luz de buenos aires 100 % libre de indocumentados.
El encargado de esta tarea es el podador de pasto quien con su coche naranja, su gorro naranja, su overol naranja también haciendo juego y su color de piel también naranja de la exposición solar recibida por efectuar este servicio.

Observándolo cortar el pasto con sumo detalle se me ocurrió: menos mal que no hay zanja en puerto madero sino andarian haciendo el cavado con la cinta depilatoria. Esta vez el progreso nos evito una imagen triste, aunque me imagine que la zanja de puerto madero huela a lavanda.

Este individuo, no pasa desapercido el mismo al realizar su tarea ya que el vehiculo depilador, toma una velocidad considerable. Para las hormigas es como un "twister" que arrasa con todo.
Pienso que esa potencia se debe a sus caballos de fuerza, que deben ser los mismos caballos (o Pequeños Pony en tal caso, para que entren el motor) que se comen el pasto, porque a simple vista no se ve una bolsa o receptaculo donde deposite el pasto, aunque a veces creo que el pasto ya esta corto y le pasan la maquinita a cero, una y otra vez para justificar el sueldo. La excusa de esto? Para que crezca mas fuerte el pasto, la misma del peluquero, que ante la amenaza de la caída andrógena del hombre nos propone este sacrificio, el de darnos la opción de ser pelados. Ya que no es lo mismo decir: " me quede pelado ", que decir :"soy pelado opcional, porque yo quiero".

Asi también, uno cree en el peluquero y se hace instantáneamente complice de la mentira al invertir en ciertos productos para el cabello. Algo tienen en común estos shampoo y lociones con los productos para las plantas, es decir, a la plantas les ponen abono, buen a nosotros nos venden cualquier mierda también. Sino como uno justifica la variedad que hay en farmacity y la cantidad de pelados que se puede ver desde la vista aérea de la calle florida cualquier día de la semana. Aunque algunos ya tengamos  mierda en la cabeza, lo que afirma que en el hombre no funciona esto mismo, ejemplo: gonzalez oro, el ex ministro de economía, cumplen estas características.
Esto me recuerda también a mi vecino que posee estos problemas de alopecia también y no voy a decir que tiene mierda en la cabeza pero simplemente reclama que pode el cesped del árbol que esta entre nuestras dos casa y que su perro abona constantemente favoreciendo el crecimiento de ese pasto. O sea genera algo de lo cual no se hace cargo. En cambio yo que soy mas "greenpeace", me da lástima hacer esa poda constante. Dejando un pasto que nunca lo dejaron crecer como un hijo castrado que lo unico que quiere es ir al hotel FAENA a recibir a "Justin Biber". Espero que no sea así con sus hijos. Yo se que Justin Biber dirá: no avives giles loco! Que me cortas el negocio. Y por respeto a Justin, no sigo.

martes, 11 de octubre de 2011

Era puto? No, manzana!

Mucho hay por lo que recordar a Alan Turing, uno de los padres de la Informática. También merece recordarse la infamia de su muerte: Un amigo de su novio (Turing era homosexual) entró en su casa a robar.
La investigación judicial destapó su homosexualidad (destapó como si su homosexualidad estaría tapada por algo en su ultimo encuentro amoroso), y por ello fue condenado a elegir: cárcel o castración química mediante la ingesta obligada de estrógenos. Lo que es vivir en otros tiempos, pensar que si el tipo le daba a elegir en esta época en argentina, sin duda elegía la cárcel, violación asegurada en los tiempos que corren. Pero no, entonces nuestro amigo Turing  eligió esta triste segunda opción. Dos años después, hundido, se suicidó tomando una manzana con cianuro.
El logotipo de Apple, con la manzana mordida, es un tributo póstumo.
La manzana era su fruta, que puto original no? Otro hubiese elegido la banana.
Esta historia deja algunas cosas turbias, como el amigo del novio robándole la casa por celos, Turing
como era puto dejaba su puerta de atrás abierta, eso facilito a este el robo.
Investigando un poco el tema, parece ser que se requiere masticar 2 tazas de semillas de manzana para que la dosis de cianuro ingerida llegue a ser mortal. Por ende como Turing no vivía en Cipolleti decidió agregar el cianuro de manera artificial. Morir mordiendo el cabito.

martes, 11 de enero de 2011

Clementino (PCF)

Clementino abrió los ojos, primero uno y luego despegó el segundo. Estaba echado en el suelo y respiraba de manera pausada. Una vez abierto los ojos reconoció el lugar después de mirarlo y mirarlo por un corto rato. Se tocó el pecho y, así como reconoció el lugar, reconoció su pecho y lo que había en él. Volvió a cerrar los ojos.

Se había criado en el campo. Una familia harto humilde que contaba con un progenitor borracho y una madre, que a duras penas, si había alcanzado a criar a ocho de los diez hermanos que habían nacido en esa especie de cautiverio-vida. Él era el tercero. Primero vinieron dos nenas. La más joven dejó la casa a la escasa edad de siete meses atacada por una especie rara de enfermedad infectocontagiosa que tenía un alto rango de inicio: iba desde los perros, pasando por el guano de los pájaros, el excremento humano a menos de dos metros de la casa, la basura propia de la vivienda o los millones y millones de microbios y bacterias de la vida misma de cualquier ser humano. Por esos mismos lares pululaba Clementino desde la edad de nueve meses hasta los catorce años momento en que dejó el purgatorio para infiltrarse en la gran ciudad que él (ingenuo hombre de campo) creía, era el cielo.

Un nombre tan raro como el suyo sólo podía deberse a una situación también muy rara. Al saberse embarazada su madre corrió hacia la choza que oficiaba de capilla; a rogarle, a pedirle, a implorarle a la imagen del Dios que le quitara ese hijo, que ya no soportaba ser tocada por su marido, que no creía más en lo de “un hijo es una bendición” tampoco en el dicho que dice que los niños vienen con un pan bajo el brazo. Jamás habían tenido esa suerte. Con cada nacimiento era el mismo pan, pero más bocas para que sea repartido. Dios obviamente no la escuchó, eso creía ella. Si Ése no escucha entonces hay que gritar más fuerte se dijo: salió fuera de la capilla y lloró aferrada a la tierra, prosternada y como se sentía: sucia y sin nada. Desdichada por la dicha de volver a ser madre otra vez exhortó a todos los santos por clemencia, pero nada. Llegó a pensar que había sido mala, muy mala. Que se merecía ese castigo, a ese hombre y a este Clementino que llevaba en el vientre.

Durante los nueve meses de embarazo comió miedos, angustias, y mucho odio. Bajo este régimen cotidiano dio de comer al bebé, a Clementino, lo mismo. Cuando el bebé nació (un niño altamente fuerte y muy vivo) la partera se horrorizó del estado en que había dejado a la madre. Casi desangrada y con un suspiro de vida, la mujer se lo acercó al pecho y al instante mismo en que le dio de mamar rejuveneció unos cuantos años. La partera no creía en los milagros, pero al ver esta situación quedó estupefacta y horrorizada por la escena que le tocaba vivenciar. No dijo nada, era una mujer muy lúgubre y reservada. Caminaba ensimismada y lo más extraño del mundo era que no podía tener hijos. Nuca tuvo. Ni uno.

Cuando el padre vio al niño, casi fue una presentación formal entre caballeros. El bebé era bastante grande así que a penas lo miró tuvo que fijar la vista en la imagen de madre e hijo ya que no podía creer lo que su pobre cerebro quemado por el alcohol, le devolvía. Automáticamente pensó que con un hijo así se salvarían para toda la cosecha. Lo creía capaz de mantenerlos a todos con la fuerza y el esfuerzo de su trabajo. También creyó que para educarlo en las labores del campo debía tratarlo como lo hacía con sus animales: palo y a la bolsa. Catorce años le duró el sueño.

Una mañana fría de julio luego del desayuno acompañó a Clementino a comenzar la tarea diaria y como lo trataba diariamente luego de haber tomado más coraje con el alcohol le dio el primer latigazo. Clementino lo soportó como de costumbre, pero algo se quebró con el segundo y desencadenó con el tercero lo que fue un episodio de Ello puro, de instinto puro: lo trataba como a sus animales. Él respondió como un animal.

Giró sobre sus propios pies y miró a su padre, que en ese preciso momento ya no reconocía, soltó el machete que blandía en su mano derecha. El viejo creyó que era un síntoma de debilidad. Se sonrió y luego largó una carcajada abriendo grande la boca y cerrando los ojos. El ya no tan niño tomó carrera, se lanzó también con la boca abierta y los ojos cerrados sobre el cuello del otro. En un increíble segundo le arrancó de un tirón un pedazo de piel y con la piel la yugular y con la yugular en menos de veinte minutos el noventa por ciento de la sangre. Se quedó a su lado viéndolo morir, viéndolo retorcerse como un pez que se lo saca de la pecera y se lo pone en el piso hasta que la falta de líquido le da la calma eterna. No lloró ni mucho menos. Se secó la sangre de los labios con el puño de la camisa y fue a la casa. Le dio en mano el machete a la mamá. Con sólo catorce años Clementino había logrado más que su propia madre en treinta años de casamiento. Envolvieron toda su poca ropa en una tela, se dieron un beso y un abrazo y él se fue. Nunca más volvió ni supo nada del resto de su familia. Lo despidieron como si fuera el mismísimo Dios. Nunca se preguntó nada sobre lo hecho. Simplemente lo borró de su memoria.

Adoraba su pelo. Lo había dejado crecer como cumpliendo una promesa desde que se había ido del campo. Se hacía una colita bien prolija y listo, a la calle a buscarse la vida. Ya llevaba varios años trabajando en una pequeña verdulería de unos consagrados bolivianos que lo dejaban elegir, pesar y vender lo que había en el negocio. No así cobrar ya que la matemática (sumar, restar o multiplicar) no era su fuerte para nada. Entonces simplemente le dictaba a su jefe a los gritos lo que cada cliente llevaba. Ese era todo el diálogo que mantuvo con otro ser humano quizás desde hacía diez años, momento en el que se había mudado a la city porteña. Una vez que los asalariantes bolivianos decidieron mudar el negocio hacia otro lado despidieron a Clementino con un sucio apretón de manos y un “hasta luego” que él respondió inclinando la cabeza. Vístose en apuros por la falta de efectivo para pagar el alquiler de su habitación, concilió dedicarse a la carne. Arrancó como empleado de un líder distribuidor de dicho producto. Clementino con su ancha espalda podía fácilmente bajar las medias reces que aparcaban en cada local de venta, igualmente debía siempre utilizar un pequeño banquito ya que su escasa estatura (mantenía la misma estatura que tenía al salir del campo) no le permitía agarrar bien al cadáver de la vaca y varias veces lo tuvo que acarrear del piso con la ayuda de varios compatriotas luego de que por un mal tiro desde el que se la lanzaba del acoplado del camión, lo takleara y fueran a parar ambos al suelo cual enamorados en Palermo un 21 de septiembre.

Con la espina dorsal hecha casi un nudo y luego de dos años de cadáver de vaca, banquito y viajes, lo contrataron en un pequeño frigorífico. Volvió a sus inicios: cuchillo en mano y cortes.

Trabajaba de sol a sol. No dialogaba con casi nadie, no se relacionaba con nadie, no salía con nadie, no tomaba con nadie. Estaba solo. Vivía solo y cortaba solo. A duras penas inclinaba su cabeza para contestar alguna pregunta de su compañero Alberto o del “Enano”.

Le encantaba su trabajo. Ahora ni siquiera tenía que repetir lo que los clientes llevaban. Él sólo hacía lo que había aprendido a hacer: blandir el cuchillo, cortar y masticar carne.

Luego de un tiempo de excelso trabajo y de exceso de silencio manejaba los distintos tamaños de cuchillos como si fueran una extensión de sus propias manos. Podía cortar a ojos cerrados y conseguir el corte que se le pidiera.

La primera vez que lo vio, Vitorio iba a comprar a ese negocio por tercera vez. No le apetecía demasiado ir a él en persona a comprar los suministros para el resto de los animales de su circo justamente porque era SU CIRCO. Ahí debía mandar él y el resto, pensaba con su cabeza de autoritario quasi franquista mandamás italiano, debía cumplir con su tarea. Sin embargo, justo ese mismísimo día Santino, el sobrino, debía realizar una tarea importantísima. Con lo cual no le quedó más remedio que ir él mismo.

Clementino habitaba el fondo izquierdo del recinto. Cuchillo en mano, delantal rosado (eran pasadas las 9 y venía cortando desde las 6hs: todos los días arrancaba la jornada con un delantal blanco tiza que doña Carmen se encargaba de lavar a mano y blanquear con jabón en pan al sol y que para el medio día ya lucía como la casa rosada de tanto carmín de la sangre), cofia verde agua y la colita en el pelo como siempre.

Fue amor a primera vista: le habló, le pidió, le rogó, se arrodilló y se arrastró hasta que don Vitorio obtuvo el sí de Clementino. A este último la idea de trabajar en un circo como tirador de cuchillos a una dama atada a una rueda que gira no le pareció ni parecido al trabajo ”hermoso” que hacía a diario con los cadáveres de las vacas. Primeramente porque la vaca ya estaba muerta y en segunda instancia porque el que las movía a gusto era él. Dijo que sí, que estaba bien y volvió a afirmar con una caída de cabeza cuando le dijeron lo que iba a cobrar (si todo salía bien, si aprendía el oficio y si, como era de esperar, la chica no moría en la función), por los lugares a donde iban a viajar en caravanas y al saber que tenía resguardado el techo y la comida.

La vida en el circo era para Clementino como un constante y sonante desparramo de glamour: brillos, colores, plumas lentejuelas, flora y fauna a granel. Le hicieron un traje a medida de color lila. No le gustaba para nada, pero según don Vitorio le sentaba de maravilla. Jamás se dejó tocar el pelo: como siempre ante cada nueva función se peinaba solo. Se hacía una colita y a ganarse la vida, pero ahora a la cabeza de este chaparrito lleno de felicidad en las pupilas cada vez que lo anunciaba don Vitorio en la arena del centro de la carpa, se le sumaba una pretenciosa galera color azul Francia.

Gladis se ataba sola. Jamás imaginó que “El Clemen”, como le decían cariñosamente todos los compañeros del potpurrí circense, se hubiera despedido como lo hizo de su territorio natal. No sabía y le caía bien. Lo miraba ser cariñoso con los animales y a lo lejos pensaba que si era una buena persona con las mascotas, sería un excelente compañero de cama y de aventuras. No le dijo a nadie, no habló con nadie sobre como se sentía. Miraba y callaba. Gladis era bella. Una rubia de rasgos tiernos, manos cuidadas, ágil, risueña y silenciosa. Al Clemen le encantaba. La soñaba cerca, la vislumbraba como una diosa. Cuando se ponía su trajecito de color verde manzana y salía a la arena con él le parecía que el tiempo se detenía, que ya no podía haber nada más perfecto, que la perfección misma era verla y no le importaba tirarle los cuchillos porque sabía que estaban conectados como por un hilo, una constante de amor. Nada le podía pasar. Nada de nada. Él desde su silencio, desde su accionar, desde su tarea aprendida y sabida y estudiada y memorizada lo único que podía hacer era amarla aunque le tuviera que tirar cuchillos.

Esa noche la miró como hacía siempre, con sus ojos llenos de amor, de glamour, de fantasía y como de costumbre no le importó su falta de altura. La pequeña Gladis, como le decían sus compinches, seguía siendo para él una liliputiense hermosa. Ella se ató como de costumbre mientras se reverenciaba ante el público que miraba entre risas y comentarios. No le importó porque se sintió protegida por los ojos brillantes de él. Hinchó el pecho al tomar aire y terminó de amarrarse. Acto seguido fue presentado él que salió a la arena con la colita, el traje, la galera, los ojos, los cuchillos y los brazos que parecían en alto, pero que al chaparrito no se le notaban.

La rueda comenzó a girar, los cuchillos a volar y de pronto como quien aplasta un tomate ya maduro un manchón rojo se desparramó en la arena. Y hubo gritos de horror y corridas y sirenas de ambulancia y silencio. Un silencio tétrico, panicoso, inacabable, perturbable. Algo había salido mal. Clementino no reaccionaba, él que manejaba los cuchillos como dedos, las espadas como samurai, las distancias como pestañazos, los silencios mejor que palabras, había lastimado, había herido de muerte a ella, a la liliputiense, a la más bella. No entendía, no conectaba, no pensaba.

Intuyó que llorar era inherente al género femenino porque la vio a ella como cabeza para abajo dejaba rodar una lágrima. No pronunció palabra como era su costumbre. Tampoco lloró, pero la angustia fue tal, la tristeza fue tal que agarró lo que tenía más a mano y decidió tomar el camino que mejor conocía: el del horror, porque el del amor no lo conocía ni parecía dispuesto a conocer, menos sin ella y renunció. Se dejó ganar porque nada ya le importaba, justamente porque había descubierto por fin que algo (alguien) al fin sí le importaba y no la quiso dejar ir sola.

Arriba del ombligo y con fuerza para adentro y ascendiendo. Así fue el corte y cayó. Se sintió no poder respirar más y cayó. Primero de rodillas, luego de espalda.

Los cortes eran su especialidad.


Paula Cestac Fort

domingo, 9 de enero de 2011

Que sea otro encuentro (para Papá)

Desde ya hace un tiempo me han anunciado tu vuelo.
Las despedidas son como agujas de reloj clavadas muy dentro, que no detienen nunca su movimiento.
Cada mirada que nos regalamos le da cuerda, y esta da vueltas sin freno.
En estos casos, el cuerpo suele ser mucho equipaje para disfrutar del viaje. Porque el mundo se fija en lo físico?  sin el alma, de que nos sirve el cuerpo?
Estos días, elegí extirparme esa aguja de reloj, para hacer de estas despedidas encuentros.
Al fin y al cabo, yo también estoy esperando un vuelo.

Deuda literaria de amor

Aquel día la persiana se estrangulaba contra taparrollo para implorarle al aire que pase a tomar algo. A tomar ese calor, y llevarselo bien lejos.
Aquel día el aire no entro, y eso me hizo quedar en la cama, mas de lo habitual.
Por un instante se oyó un ruido desde la puerta seguido de unos pasos que solo atino a girar mi posición con el fin de alejar la oreja que lo había percibido de su fuente.
Hasta el momento no había otra perturbación para no seguir proyectando esos sueños en mi cine matrimonial de un solo aficionado.
De pronto un ejercito de gotas salto desde el cielo en conjunto como un pelotón de guerra para aplacar al enemigo instaurado en el asfalto.
El ruido de esa batalla si pudo poner fin a mi filmico imaginario.
Como quien se va de un cine a media película porque se corto el suministro de energía, yo salia de la cama.
Baje la escalera, como volviendo del paraíso a la tierra para volver a vivir algunas cuentas pendientes.
Pero una leve depresión matutina, inercia de no haber consumado el ultimo sueño , me hizo notar que en el piso había un papel bajo la puerta.
Me agache con cuidado para tomarlo, pero la puerta estaba disfrutando de su sufrimiento. Logre rescatarlo de un tirón, sacándole a la puerta su goce genocida.
Por un segundo, pensé que había una nueva heladeria o pizzeria en el barrio. Suelen llegar a menudo folleteria de las mismas. Con el tiempo de vivir en este barrio descubri que uno puede recortar un importante parte del presupuesto gastronomico, si solo come en la pizzeria que inaguran mes a mes, aprovechando sus promociones de apertura.
En cualquier situación, no hay mejor forma de revelar un misterio que yendo a la fuente, así que en vez de seguir suponiendo promociones gastronómicas, elegir descubrir que decia el papel. Era un mensaje de mi vecina.
Mi vecina es una persona que te tendrá mas de 80 primaveras, si mas 80 días del estudiante, aunque no estudio toda su vida creo. Habrán sido solo 10 o menos días del estudiante a juzgar por la letra y el resto solo 21 de septiembre.
El texto era una mera intimacion de pago del agua corriente, algo que compartíamos entre vecinos.
Este mostraba un derroche de tinta en exceso, y la letra mayúscula que empleo notaba cierto malestar en ella.
Para mi el hecho era que después de mucho tiempo alguien me había escrito, y en el se confirmaba que me recordaba por algún motivo.
Es cierto que en estos tiempos se escribe mucho menos de puño y letra. La ultima vez que alguien me había escrito fue en la guardia de kinesiologia. También esa escritura aliviano un dolor indirectamente.
Pagar implicaba terminar dicha comunicacion pseudo-romantica para mi de mensajes textuales, estos (era uno solo, pero ya suponía una sucesión de intimaciones) hidrataban mi alma de algun modo. No pagar implicaba la deshidratación del cuerpo literalmente.
Luego de varios días de desencuentro acudí al pago.
Ella parecía molesta, creo que también le molestaba perder esa comunicación por solo 12 pesos con 50 centavos, costo proporcional del agua en ese entonces.
Tal vez se sentía desvalorizada por la edad. La cuestión es que su mirada era mas seria de lo común. En la entrega de la ultima moneda se fue sin agradecer, ya no había vuelta atrás.
Otro romance que se fue con el agua. Solo me restaba proponerle compartir el servicio de televisión por cable. Tal vez venga un día a reclamar esos días de intereses, tal vez alguien vuelva a escribirme de nuevo algun día.

sábado, 8 de enero de 2011

El Ilusionista de las emociones


L`Illusionist nos muestra que la pasión de una profesión tiende a la necesidad de convertirse una forma de vida. Nuestra propia elección. Actualmente, se da un caso particular en las personas, la mayoría se ve obligada a trabajar para sobrevivir, a la ante sala que vivir implica cierto goce en todo aspecto de la vida. Muy pocas encuentran en su trabajo una pasión, que no sea monetaria. Si usted hizo de su oficio un entretenimiento constante considérese un afortunado y disfrute. De lo contrario, le recomiendo, siga buscándolo. Esa es una buena definición de éxito. Igualmente no confunda entretenimiento con pasión, hay una gran diferencia.
Como se da cuenta uno que llego a ese punto?
Supongamos esta situación, usted va por la calle, y repentinamente siente que todos los aire acondicionado del cono urbano lo salivan constantemente, aunque con el andar se da cuenta que esto es mas intenso y no es una burla de la tecnología hacia usted. Nunca pensó que este invento es un fiel reflejo de la humanidad hoy por hoy? Aclimato a mi servidor y no me preocupo y contamino al resto. Volviendo, si usted disfruta de cada una de las gotas que bajan en paracaídas sobre su cuerpo eligiéndole como destino, ahí esta en presencia de algo símil a la felicidad.


Concluyendo, en oportunidades podemos puede ilusionar al publico en el escenario, pero también podemos enmascarar un mundo gris por uno de colores para nuestros vecinos, con el fin de izar las comisuras de su boca, algo como hace Roberto Begnini en la vida es Bella. La ilusión y la imaginacion de la mano son bellas. Lo bello es bueno, y lo bueno con el tiempo es bello.

Una ultima cosa a destacar de esta obra es como se puede contar algo sin la necesidad de la palabra a la que hoy apelo en este medio.

viernes, 7 de enero de 2011

El Hueco ( de Paula Cestac)

Aca les dejo uno de los ultimos trabajos literarios que escribio una amiga. Se llama "el Hueco". y como dice el titulo, le hacemos un hueco en este espacio.


El Hueco 


Había una sola cosa porqué pelear: el hueco.

El tiempo había transcurrido de una manera errática y los sucesos, como el tiempo, se habían sucedido de la misma manera. No había héroes, heroínas ni expectativas. No era así la cosa. Cada parte había tomado sencillamente su mitad y había huido hacia el lugar que le parecía el mejor: un poco para salvaguardar lo que quedaba de la integridad, un poco por orgullo, un poco por angustia y un poco porque sí. Como cualquiera que huye se sabe perdido, acá el mero de hecho de perderse implicaba reencontrarse.

Escuché muchas veces la historia del que se escapa para buscar al ser amado o querido o, diría yo, idealizado. Mil veces más escuche que uno en realidad escapa para no encontrarse con uno mismo. Porque el ser amado, no es más que egoístamente uno mismo. Los demás son pura reflexión de lo que nosotros somos para con nosotros mismos.

Allá fueron, decía, cada uno por su lado. Cada cual a vivir su única historia: la mejor pensaron dos que pensaban que ya no se amaban. Dos que creían que las cosas se terminan sin decir mucho, dos que de decir tanto sonsamente solo decían idioteces. Dos que JAMÁS habían sabido ser dos. Que SIEMPRE habían sido uno. Dos que a pesar de haberse visto como dos ahora semejaban ser tres. En el espejo de la arrogancia y de la falta de sentido común las parejas (desparejas) siempre parecen ser tres. Pero la humanidad entera sabe a la perfección que tres es SIEMPRE multitud y que, como tal, exige que se devuelva, que se vuelva al número par.

Así la cosa planteada: cada uno por su lado. Obviamente el lado que cada uno elige no siempre es el más cómodo. Incluso se puede afirmar que la comodidad como un hecho certero es inexistente. Como la felicidad, palabra que se trata de definir desde la antigüedad y que no ha tenido ni aceptación real ni criterio ni mucho menos constancia. ¿Entonces quién es el que se dice feliz? UN MENTIROSO.

En fin. Decía que cada cual había acomodado su valija en su espacio. Sin embargo, por más lejos que quisieran llegar la idea de la pertenencia siempre volvía, como algo real, vívido, constante, asiduo, intermitente, latente. Así que así era la cosa. Uno corría para un lado, el otro para el otro, sin embargo, lo único que sentían internamente, intrínsecamente era la tediosa idea de volver, de estar, de querer ser en ese lugar feliz al que por más que se sabe que no se puede volver, se quiere volver.

Otros tiempos pasaron, otras experiencias, otros sucesos. Y hubo desacomodos y vueltas atrás y mudanzas y rearmado y desarmado de valijas. Cambios de piel y de sábanas y olvidos voluntarios y no tanto y entremeces. Familias y desencantos. Angustias y felicidades, saludos y falta de ellos. Silencios y muchas, muchísimas palabras, tantas como para desacomodar a cualquiera. Presentaciones y ocultamientos, atenciones y descréditos.

El tiempo irremediablemente pasa, o simplemente pasan las mentes pensando que el tiempo irremediablemente pasa. La verdad es que en medio de tanto tiempo a uno le parece que el descontento y la tristeza o por qué no la angustia, es lo único que queda detenido, anclado en el tiempo. Un estado que encuentra, pareciera, la suficiencia cardíaca de enterrarse en el medio del pecho y a quien en absoluto le importa el tiempo. Y trasciende. Se expande y no remedia ni medio.
Esa mañana le dolió una muela. Le encantaba el dolor de muelas. Miró el reloj y se levantó. Le sonrió al espejo porque era el único fiel compañero en la casa que ahora era suya. Iba a extrañar la mesa con rueditas, pero no le dio demasiada importancia. Llamó a su odontólogo personal y se dispuso camino a la consulta.

El invierno arrasaba con una furia masiva así que se subió al auto y se fue. Le encantaba esta época del año. Pasó por todos los lugares comunes y por cada uno en vez de dejar caer una lágrima le sonrió a su muela haciendo como una especie de ahínco. Paró en la blanquería y compró un pijama nuevo, era por si acaso le sacaban la muela. Esta vez prefirió pijama, los camisones eran de la época pasada. Le quedaba perfecto, estaba más contenta que nunca, que antes, que siempre. Recordó el título de un libro: “El poder del ahora”. Ahora era simplemente ahora. Igual que la felicidad, o como yo lo llamo: los destellos de felicidad. En ese preciso momento era feliz, no importaba más nada: ni la memoria, ni las proyecciones, ni el resto. Ahora era ahora.

Continuó camino, llegó, habló, se sacó la muela y volvió. Tenía la boca dormida así que el viaje de vuelta lo hizo tocándose el labio inferior todo el tiempo. Pensaba que (otra vez, pero por otro motivo que ahora no era la otra persona, se estaba babeando) sonrió con la estupidez de su pensamiento y continuó viaje.

Llegó y se recostó. Volvió a extrañar. Volvió a sonreir, se tocó nuevamente el labio, volvió a recordar el título del libro, hizo una mueca más y se durmió. Siempre cerca del hueco. Dejó caer la mano en el umbral del agujero por si algo pasaba. Acarició el aire frío hasta que el sueño le ganó. Se despertó sobresaltada. La mano habíase quedado esperando y del frío estaba morada. Cuando la vio se puso a llorar de una manera constante y metódica. Se tocó la cara para ratificar el otro agujero: el de la falta de muela. Volvió a llorar con más fuerza y sólo se calmó al ver su nuevo pijama. Se tapó el cuerpo, pero dejó destapado el hueco.

La otra mitad había conseguido otra otra mitad. Era simple: necesitaba tapar su propio hueco. Tengo entendido que el vacío existencial es algo medio complejo y completamente subjetivo a cada sujeto así que a simple vista él daba toda la impresión de que estaba mejor que nunca; sin embargo, cuando el frío arremetía y las noches se hacían muy largas su triste corazón perdido en los latidos del supuesto nuevo amor, aullaba y rogaba por ella.

También solía merodear lugares comunes con el pensamiento, con la palabra y con las obras y la buscaba. Quería someter ese sentimiento, lo quería desarraigar de su ser, de su corazón y de su accionar, pero no podía con él, contra él. Con cada intento de frenarlo lo sentía como un choque, una colisión, un detonar. Dejó a la última mitad, dejó cualquier otra mitad que se le acercara porque no eran mitades para él, no lo completaban como aquella que cuando estaba cerca lo hacían sentir único, el mejor, el más cuidado, el más lindo, el íntegro. Se dispuso a volver: simple: NECESITABA A SU MITAD.

Cada vez que sonreía recordaba dos cosas: que le faltaba una muela y que las sonrisas pertenecen al presente: “El poder del ahora”: decía esas palabras y las trataba de sentir como propias. Hacía unos días que se había empezado a sentir de otra manera, después de tanto tiempo había llegado una primavera que le agradaba, así que salió a su pequeño patio a disfrutar del aire del renacimiento. Cuando volvió a entrar vio el hueco, lo miró como por última vez, le sonrió y decidió que era una buena época para recomenzar así que fue por un aplique que le permitiera sellarlo. Mientras trabajaba en eso se preguntó si lo había dejado tanto tiempo abierto con la esperanza de que vuelva, de que el tiempo vaya para atrás o si era el portal por donde escapar a lo ya vivido. Nuevamente se sonrió por su pensamiento mientras iba llevando adelante la tarea.

Se dio vuelta por unas herramientas que le faltaban. Cuando volvió a la labor un destello de luz que venía del otro extremo la cegó obnubilándole la vista por completo: entre el susto y la parálisis del hecho no pudo pronunciar palabra alguna. Estática e inerte no pudo seguir trabajando porque entre lágrimas de amor, de esperanza, de placer y de felicidad sintió cómo la otra mano la sostenía desde el otro lado del hueco.

“El poder de creer en el ahora”

Ahora que sé que te amé, vuelvo porque sé que te amo.

Paula M. Cestac Fort

Blancas negras y redondas de un viaje

Buenos Vientos

Brotes de alquitran en tu atmosfera
calman tus rascacielos
si un dia se seca el rio
el llanto lo llena de nuevo


Fusion de ideas y deseos
entretienen mis velos
en un antesala de estrellas
un nuevo sol pone fin al cuento

Vapores ingravidos e insinuosos
le dan intriga al cielo
siempre que quiero palparte
me gana de mano el viento.


Fin inperceptible a los ojos
invitado por un sueño
un cauteloso andar me lleva
a aventuras de las que soy dueño


Condicionado en sus distancias mensurables
Parece ser esclavo de su destino
pero asomandose al vertigo
elige en tiempo un espacio repentino

Me atraviesa sigiloso e intrepido
Invisible, aprovecha y me envuelve
silencioso y estrepito
viene, se va y vuelve.